ARTICULO: Condicionantes de la violencia

Por: Roberto Rosado Fernández, educador

Desde décadas atrás la violencia, en sus diferentes vertientes, manifestaciones y modalidades,  ha estado permeando  a la sociedad dominicana. Es preocupante y  motivo de discusión en cada escenario donde se juntan la familia, la escuela, los grupos de profesionales, los culturales,  los deportivos y más. Esta preocupación   es el pan nuestro de cada  día por la gravedad  que dicha situación encierra.

Dentro de las causas que generan el alto índice de violencia que se observa en el ambiente social, familiar y cultural está el nivel de pobreza que afecta a una buena  parte de la población dominicana, los cuales, sus entradas,  no alcanzan para  solventar sus necesidades  perentorias.

 La incidencia en el país de culturas foráneas ha ido generando, principalmente en la juventud, intereses contrarios a los moldes aprendidos en su familia y la escuela convirtiéndoles en ejecutores de acciones que contraponen la cultura sobre la cual fueron formados.

 La ambición de poder ,el querer tener más de lo que sus capacidades le permiten obtener  ,los conduce a delinquir para obtenerlo y entrar en el mundo del derroche a pesar de los riesgos que tal actitud representa para su propia vida  y los que circundan a su alrededor.

 Los medios de comunicación, radial, escritos , televisados y las redes se encargan de difundir, a través de fílmicas y uso inadecuado del lenguaje, antivalores  que inciden directamente en sus comportamientos, reflejados en los teteos, el consumo de bebidas alcohólicas  y estupefacientes generando desequilibrios y deterioros en la familia , en la sociedad y en su salud mental.

 La juventud, la más afectada por estas acciones desmedidas, se convierte en reproductora de esas influencias  generadoras de violencia. Los efectos directos de estas reproducciones se sienten en la familia, distorsionando las orientaciones que otorgan los padres en su proceso de formación; en la  escuela, espacio de adquisición de los valores que deben exhibir para cuando se inserten en la vida social y en los lugares de diversión provocando reyertas  que afectan directamente a toda la sociedad.

 Por el alto nivel de violencia que se expresa en la sociedad de hoy se ha producido un recogimiento forzado de los adultos de las actividades sociales y culturales por temor a  ser alcanzados por los efectos violentos que provocan; se ha disminuido hasta tomar las carreteras por miedo a que la imprudencia en el uso del volante les alcance y las demás actividades se han disminuido a la mínima expresión.

 La escuela paralela,  creada alrededor de estas inconductas, es más poderosa que la de la familia y la escuela donde deben formarse los valores que deben exhibir en la sociedad y sus instituciones  generando desesperanza y desequilibrios emocionales con una secuela indefinida de contratiempos.

 La tarea del momento es que el estado asuma el control de las instituciones llamadas a aplicar correctivos que impidan esas malsanas prácticas, la familia asumir su papel de inculcar valores a sus hijos y la escuela recobrar  la función de formar a los jóvenes para que adquieran   los comportamientos que deben exhibir en la sociedad para que sea diferente a la que se ha creado por la incontrolable violencia  que se observa hoy.

             Manos a la obra


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